Extremos
De repente la desconexión.
El pasado lunes iba a ser un tranquilo —después de trabajar el fin de semana, el lunes era perezoso— pero a mediodía decidió reivindicar protagonismo y convertirse en especial (nada de un lunes más, un lunes cualquiera). De ese lunes hace hoy seis días pero me parecen meses.
A la incertidumbre del momento, las teorías conspiranaoicas y las horas pegada a un transistor, se sumaba un día que en la calle se vivía con tranquilidad, incluso con alegría. Fue justo lo contrario a la pandemia: los niños y niñas llenaron el día de risas, juegos, pelotas, pilla-pilla y cualquier otro que se les pasara por la cabeza. No había prisa, no había móviles, ni pantallas, ni ganas de regresar a casa.
Paradójicamente no solté en todo el día el móvil de la mano. No hacía nada, no podía llamar ni enviar o recibir mensajes, pero lo llevaba cerca “por si acaso”.
Fueron muchas horas, unas mil quinientas en mi cabeza, hasta que la luz regresó de madrugada. Y la incertidumbre mutó en algo de tranquilidad, quizás fue el momento de respirar mejor, con alivio a pesar de no dejar de repetir que podía volver a pasar en cualquier momento.
Aquel lunes la oscuridad regresó a nuestras vidas para recordarnos lo vulnerables que somos, lo dependientes y también lo solidarios que nos volvemos cuando otras personas nos necesitan y conseguimos sacar lo mejor de nuestro ser. Extremos.
Y no se me ocurrió hacer ni una sola foto del apagón a pesar de no soltar el teléfono. La cabeza y las manos no se sincronizaban, así que he tenido que recurrir a Pinterest para encontrar una imagen que retratara la vivencia, una vez más, una situación casi apocalíptica a las que nos estamos acostumbrando con demasiada rapidez.
Y tú, ¿cómo viviste este lunes tan extraño?



Para mí fue un día tranquilo. =)