La tristeza existe
No es real la vida en un mundo repleto de felicidad
Acabo de leer un post de Jesús Terrés sobre la tristeza. Me ha parecido bonito leer sobre ella y me ha gustado que se haya escrito sobre ella.
Creo que la tristeza es casi un tema tabú: mejor no hablar de ella, echarla a un lado, ignorarla y hacer como que no forma parte de nosotros y de nuestras vidas. Mejor hablar de felicidad, de alegría, de ser positivos, de buscarle un sentido a nuestras rutinas, a nuestros sin sentidos. En una sociedad en la que la salud mental está comenzando a ser discusión pública, me parece muy importante hablar de tristeza, también ella merece su espacio porque, queramos o no, forma parte de nuestras vidas.
Hace pocos días, en las clases de escritura con las chicas, hablamos de si se puede ser feliz y estar triste al mismo tiempo. Y todas coincidimos en que sí, en que existen los buenos momentos con sombras de tristeza y también los malos con luces de alegría. Porque sí, porque no todo es blanco o negro separado en compartimentos estancos. La vida es tan bonita y tan cabrona a la vez, que se nos complica entre risas teñidas de lágrimas o lamentos bañados de un corazón que anhela aprender nuevos pasos de baile.
Y sí, amiga y amigo, siento darte esta noticia (en realidad me alegro de llevar estas palabras a tu alma): se puede estar alegre y triste al mismo tiempo. ¿Pero sabes lo mejor de todo? Que no pasa nada. Que es normal. Que de esto va la vida. Y que, por mucho que te empeñes en querer controlarlo, va a ser casi imposible. Es como si quisieras escalar el Everest sin oxígeno, ni mochila, ni preparación. Puedes intentarlo es cierto, pero creo que no lo vas a lograr (llámame ilusa).
Supongo que tú también has vivido esos momentos. Confieso que yo he tenido muchos. No hablo de meses, semanas o días, ni siquiera de horas o minutos, hablo de momentos, instantes en los que te puedes hundir en la desesperación de no encontrar salida, en la tristeza más absoluta, en los días nublados que pesan toneladas y, al mismo tiempo, sentir el resquicio de la mano tendida que llega en forma de una noticia inesperada, o en la sonrisa de un desconocido, incluso en los buenos días del vecino. Una sonrisa, una curva pequeña, disimulada, casi tímida que manda un mensaje de esperanza.
No hablo de tristeza duradera, de la que no tiene salida, de la que desemboca en enfermedad. Esa tristeza es diferente, es avasalladora, es la oscuridad perpetua. Esa tristeza necesita ayuda para desaparecer, para no hacerse con el control de nuestras vidas. Hablo de la tristeza del lamento, la de pasear por la orilla del mar en un día nublado, la de sonreír en un concierto multitudinario después de que alguien te haya hecho trizas el corazón, la de seguir soñando a pesar de que tu día haya comenzado a temblar. Esa tristeza, solo esa, es la que pueden permitirse nuestros corazones.
Ojalá tus momentos tristes también estén repletos de instantes de luz. Aquí tienes estas letras para cuando las necesites. Aquí está mi mano tendida.



Exacto, de eso va la vida. Aceptar nuestras luces y nuestras sombras...👌🏻