Las luces de París
Regreso a París para perderme entre las luces de sus noches, para recordar cómo caminábamos y sonreíamos a sus calles, sus jardines, sus caricias y nuestros besos.
Dicen que siempre nos quedará París. ¿Es cierto? Quizás sí. Quizás esté de nuevo aquí para convencerme de que lo nuestro fue real, que los sueños los construimos juntos, que anhelábamos vivirnos cada día con fuerza.
Camino despacio y me abrigo para resguardarme del frío, igual que entonces. Pienso que quizás debería volver a París en verano y descubrirlo con su calidez, pero no, esa no sería nuestra ciudad. Escucho el eco de mis pasos y las risas de una pareja joven que pasa a mi lado. “Bonne nuit”, dicen y contesto con una sonrisa amable mientras pienso que podríamos ser nosotros. Cogidos de la mano y del alma.
He regresado a París para pensarte, para sentirte, para recordar que existió un día en el que fuimos felices en estas calles que ahora recorro en soledad.
Las luces me acompañan con timidez como si no quisieran molestar a mis pensamientos, esos que se empeñan en regresar a ti una y otra y otra vez. Y de nuevo una vez más. Pero debo permitir que venza la realidad: ya no estás a mi lado, estas calles ahora no son nuestras, estos pasos no me van a llevar de nuevo a ti. Alzo la mirada y me permito sonreír: a pesar de todo, estoy en París
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