Otro día más
“Otra vez Trump presidente”, leo en el periódico de la mañana. Giro la portada para comprobar que no es un diario antiguo, pero no. “Pocas cosas nos pasan para lo que nos merecemos”, suspiro con pesar.
Rous, hoy estoy contento de que no estés a mi lado, —jamás creí que pensaría en tu pérdida así, con un sonrisa—. Pero si te tuviera delante estarías indignada, repleta de rabia al contemplar cómo de loco está el mundo, cómo tropezamos una y otra vez en la misma piedra. Año tras año y no aprendemos…
He vuelto a pedir tu café, solo y cargado, y Roger me ha mirado con una sonrisa entre tierna y con pena, pero te lo ha servido sin decir una palabra, como si estuvieras a punto de ocupar la silla vacía frente a mí. Es la única forma en la que me siento menos solo. Nuestra mesa, nuestro momento y el periódico del día que me mantiene con los pies en el suelo aunque lo que quiero en realidad es volar a tu lado. “Cada día falta un día menos”, me digo para alentarme a continuar adelante.
Hay días en los que me pierdo observando por la ventana y nos recuerdo como los dos jóvenes enamorados que quedaban junto al río para hablar durante horas. No me preguntes qué color tenían las aguas del Hudson o el cielo sobre nuestras cabezas, solo pregúntame por el color de tus ojos porque es el único que jamás olvidaré.
Suspiro con tristeza pero agradecido por lo feliz que hemos sido, por la vida que pasamos juntos. Después, Rous, cojo tu taza y me bebo tu café. Me invades y te siento en mí y me despido de Roger hasta el siguiente día.


