Sobre seres longevos
Comenzar a leer una historia (muy prometedora) sobre seres longevos junto a una persona de casi cien años que se apaga poco a poco resulta curioso, algo irónico e incluso chocante y con un matiz de humor negro.
Podría decir que estoy triste, apenada y hundida, pero no sería del todo cierto. Hay tristeza al acompañar a alguien en su despedida, es evidente y no podría ser de otra forma. Cuando hay amor, cuando existe una vida juntos y la historia familiar ve cómo va a desaparecer otro de sus puntales, el estómago se encoge, la respiración se ralentiza unos segundos y las lágrimas amenazan. Pero cuando son casi cien años sabes que es el momento de permitir el descanso porque lo contrario sería egoísta, jodidamente egoísta.
Miro su respiración. Es lenta, muy lenta. Cansina, agotada, como si lograr cada partícula de oxígeno costara el máximo esfuerzo. Duerme tranquila, y es lo mejor. Calma, como el mar cuando te arrulla en un susurro, igual que cuando ella me daba la mano para salvarme de la oscuridad.
Mi mano es ahora la que la acompaña. Se aferra. ¿De dónde saca las fuerzas? A casi cien años no se llega sin fortaleza, así que debe estar dentro de ella.
Hace años, en momentos muy difíciles, alguien me dijo que soy como ella. Entonces respiré con confianza y supe que todo saldría bien porque no podía ser de otra forma.
Hay personas que vienen a la vida para hacerla más fácil y otras que llegan para complicarla (la propia y la de los demás), enredan y erosionan para desgastar o quizás para que agradezcamos aún más la existencia de las primeras. Ellas saben decirte las palabras que necesitas escuchar, saben darte el abrazo en el momento justo, saben abrigarte con el corazón cuando tiritas de frío emocional. Y solo puedo pensar que es maravilloso que una persona con tanta luz pueda permanecer en la vida casi cien años.
Hay un punto de tristeza en estas palabras, en los recuerdos y en los pensamientos. Pero cuando sabes que se acaba con una caricia, con tranquilidad, con una canción que acuna, eres capaz de dibujar una sonrisa. Triste, pero al fin y al cabo una sonrisa de agradecimiento a ella, a la vida. Gracias.



