Volver
Volver a escribir es vaciarte con cada letra al mismo tiempo que llenas el alma.
El pasado jueves regresé al refugio que desde hace mucho tiempo, nunca demasiado, se ha convertido en HOGAR (sí, en mayúscula). La Buhardilla, un taller-grupo-familia de mujeres escritoras que nos encontramos durante más de dos horas para compartir, apoyarnos, soñar juntas y, sobre todo, vivir. Suena irónico, pero el título del taller era Volver, y para mí se convirtió en una verdadera catarsis.
Han sido meses de trabajo intenso. Tan intenso que olvidé que el reloj no dicta mis luchas. Dejé de lado el yoga, los escritos y mi tiempo. Lo único que logré que permaneciera fue el deporte, adaptado a los escasos momentos de vacío. Y sé que solo pude mantenerlo porque no lo hacía sola, mi otra mitad ha tirado de mí para lograr encontrar el espacio que me permitía desconectar. Contar repeticiones, no llegar, obligarme y sudar hasta desfallecer han sido los únicos momentos personales en un día a día en el que me atrapé. Era el hámster sin bajar de la rueda. Sentía tanto agotamiento mental que escribir se me hacía tan difícil como escalar el Everest.
Volver.
El jueves respiré y mi mente divagó. El jueves escribí y el corazón logró hacerse sentir. El jueves escuché y me emocioné con las mujeres fuertes y valientes que son familia. Luchamos juntas, nos reconocemos, nos mimamos.
Volver.
Volver a escribir me hizo pensar en aquel ejercicio que hice cuando me apunté por primera vez a un taller de escritura… Cinco años hace ya y fue con ella, con Mamen (@lachicadelosjueves). Un anuncio de Instagram y descubrir su maravillosa forma de escribir me animó a entrar en un mundo desconocido. Su mano, siempre su mano amiga, una mano que también me ha borrado lágrimas, es la fuerza que me ayuda a seguir en este camino tan difícil. Todavía me siento impostora al definirme como escritora. El caso es que aquel primer ejercicio consistía en describir qué habíamos hecho aquel día para ser felices. Recuerdo haber escrito sobre mi desayuno, aunque en realidad el café y las tostadas eran metáfora del tiempo y el silencio que me permitían adentrarme por primera vez y de forma consciente en las letras. Qué vergüenza tan grande pasé al leerlo y escuchar después las maravillas que habían escrito mis compañeras. Qué difícil fue tener valentía para seguir adelante.
Volver.
El jueves escribí sobre pucheros y garbanzos, y también era sobre el tiempo, el silencio y la soledad. Quizás tengo algo pendiente con las comidas, pero la nostalgia de la palabra puchero me hizo regresar al cortijo de verano. Vi a mi abuela en la cocina con el mandil, la cuchara de palo y la cocina de butano. Los pucheros colgados en la pared a falta de cuadros y estanterías y el olor a guiso bueno, a fuego lento, a laurel, a amor. Volví al hogar, al de la infancia, al de la buhardilla y al del corazón.
Volver.
Hay ejercicios que son para siempre. Volver a escribir es vaciarte con cada letra al mismo tiempo que llenas el alma. Palabras que se conjugan en presente con sentimiento y lágrimas que luchan por salir mientras los párpados las retienen cual castillos a la defensa de un ataque enemigo. Aquel puchero de garbanzos me hizo sonreír, sentir la mano cariñosa sobre el hombro, las regañinas para poner la mesa, las carreras a por agua, regar el huerto con el abuelo y el canto incansable de las cigarras bajo el calor abrasador de agosto. Volver no es solo físico. Volver es sentarte en el dormitorio y sentir que viajas en el tiempo y el espacio hacia lugares pasados, hacia la felicidad, hacia los recuerdos que se han transformado en sentimientos guardados en el corazón.
Volver.
Es descubrir que el perdón siempre llega, nunca es tarde —o quizás sí— pero ahí está. Volver es sentir la magia en los dedos, las heridas que cicatrizan, la memoria que baila al son del pasodoble de las fiestas cuando tu tío—padre te hacía sentir la reina de la pista. Volver es reír a mandíbula abierta y sonreír con la memoria y también con los labios y los ojos que no se despegan de estas líneas. El corazón danza, los recuerdos también.
Volver.
Siempre volver. Gracias, Mamen.
La primera foto es una imagen del jueves en nuestro taller de La Buhardilla.
La segunda y la tercera son de Pinterest.





Volver siempre.
De la mano, si hace falta, cuando nos alejemos demasiado.
Ya me has hecho llorar <3 Volver, si no estás tú, es menos volver. Nunca dejes de escribir, ni de estar, ni de ser como eres. TQ.